No juzgar y la salud. Gato diferente con ojos de dos colores. Nos da salud mental, emocional y física.

No juzgar y la salud


¿Por qué es sano no juzgar?

NO JUZGAR 

        Si dejamos de lado la noción que tenemos de toda la gente, muchos nos sorprenderán agradablemente.

Francisco Lozano

El JUZGAR se realiza en nuestra mente, la crítica se hace con palabras.

¿Podemos evitar juzgar?


Jamás podremos evitar hacer un juicio o una crítica pues somos seres humanos en la escuela de la vida a donde llegamos sin un libro bajo el brazo y adquirimos experiencias dolorosas que no sabíamos tratar, hasta ahora.

Pero lo que si podemos es hacer algo para evitarlo. Podemos conocer nuestra naturaleza y las causas personales por las que juzgamos, y así, solo así, lograremos aprender a dominar nuestra facultades y decidir de manera consciente qué pensar y qué sentir.

Así, podremos ir sometiendo, poco a poco, a ese vicio destructivo de juzgar y que mengua la salud, pero de una manera voluntaria, sin estrés, ni culpas, y siempre consientes.

Pues de continuar juzgando sin límite alguno, seguiremos atrayendo más de la misma miseria emocional, mental y física de la que nos quejamos y queremos escapar.



El Juzgar y la salud no se llevan, pues te quita belleza, paz, salud emocional, mental y física.



Juzgar, es someter el alma al dolor… y sin beneficio para nadie. Es como tomar veneno y esperar que el daño o el otro mueran.

Francisco Lozano

Es tan fuerte el vicio y costumbre de juzgar, que si no lo hacemos, no sabríamos que hacer.

Y lo peor de todo es que creemos que es normal y un medio de defensa, hasta más de alguno le llaman instinto de supervivencia.

Esto es un error, es ignorancia, pues los instintos son naturales y nos animan a cuidar nuestra vida, hijos, a comer, etc.

Sin embargo, es precisamente lo que pretende mi libro, mostrarles la naturaleza humana y sus facultades para vivir mejor y con lo que se tiene.

Y al mismo tiempo se irá comprendiendo que sí hay mejores opciones para lograrlo y solo al aprender a usar tu albedrío, mente y ánimo.

Encontrarán mejores opciones y les aseguro que si se entrenen paso a paso y con emoción, aprenderán cómo usarlas y practicarlas, y podrán lograr vivir esa vida que a diario piden que sea mejor y llena de armonía, paz, y a disfrutar de lo que se tiene sin remordimientos ni culpas.

No sabía lo profundo y útil que sería en mi vida y en la vida de todo hombre, la práctica de esta herramienta.

Hasta que la incorporé con determinación en mí como forma de vida, sin dudar, como cuando te avientas a la alberca y dejas que todo tu cuerpo sea envuelto por el agua. 


¿Como se comienza a juzgar?

Al revivir el dolor de alguna experiencia, comenzamos a juzgar de manera inconsciente y lo hacemos por costumbre y vicio, pues aunque nos sintamos mal, nos quite la calma y el ánimo se encienda, lo seguimos haciendo.

Lo usamos como adictivo estimulante pues tenemos la creencia de que analizando la experiencia y juzgarla otra vez, confirma que seguimos teniendo la razón completa. Pero eso solo es una creencia.

Pues querer tener siempre la razón y juzgar, se han convertido en estimulantes satisfactores de nuestro ego a costa de nuestra libertad mental y emocional, y hasta de nuestras propias vidas, y en algunos casos, a costa de la de otros.

¿Por qué digo que perdemos libertad?


Porque cuando tenemos nuestra atención enfocada en algo positivo o en el silencio, podemos percibir nuestro cuerpo y entorno, así es como estamos y somos en nuestro Ser.

Pero cuando cambiamos nuestra atención hacia el juzgar a alguien o a algo, ahí quedamos atrapamos, nos encerramos en esas escenas, nos enganchamos, nos encadenamos mental y emocionalmente a ello, y es así que perdemos nuestra libertad.

Ahora vivo y disfruto de los beneficios que trae a mi vida la práctica del no juzgar, como es la Paz, la armonía, el saber y equilibrio.

Esa paz que siempre había buscado, pero además gozo de salud física y emocional como nunca antes lo hice.

Así pues, cuando nos sorprendamos juzgando a alguien o alguna circunstancia, o a ambos, solo decidamos con entereza no seguir juzgando, eso es suficiente, parar la película para evitar que nos siga revolcando en las brazas del ardiente juicio.

Se requiere de entrenarse en la práctica. Todo lo bueno requiere esfuerzo, pero juzgar requiere de mucho más.

Por otro lado, resulta mucho más fácil y beneficioso no juzgar, que aprender a manejar una aplicación del celular o a jugar un video juego, pues se trata de tu vida y felicidad.

Si decidimos hacer estas rectificaciones, lo debemos realizar sin culpa ni regaños, simplemente es hacerlo con suavidad, con compasión, comprensión y con cortesía hacia nosotros mismos, y con la determinación necesaria que confirme siempre nuestro compromiso de no juzgar.

La inutilida de la culpa

La terrible e inútil práctica de sentir culpa solo beneficia a quienes la promueven y cultivan, pero a nosotros nos hunde inútilmente en un vicio sin salida, y en un círculo vicioso de autocompasión, humillación y dependencia de otros.

Tu Dios, el Dios de tu corazón, sabe muy bien que siempre se falla y es por eso que jamás castiga por los errores, pues no piensa como nosotros, el es TODA SABIDURÍA para entenderlo, el nos creó. Lo contrario, es cosa de hombres.

Si nuestro ego insiste en querer tener la razón, es lo que nos inclinará una y otra vez para seguir juzgando la misma idea y no soltarla hasta agotarnos o llevarnos a pensar y actuar mal, basados en juzgar.

Para liberarnos, debemos tratarnos con tolerancia y asegurarnos de aprender esta poderosa afirmación y pensemos firmemente en esto:

No es necesario tener estos pensamientos y sentimientos negativos en mí, no necesito tener la razón, solo la necesita mi ego.

Es de gran utilidad que invoquemos el Estado de amor (que explico en mi libro) y pongamos nuestra atención en él o en lo que queramos posarla distinto a ese vicio de jugar.

En otras palabras usemos de nuestro albedrío para dirigir nuestra atención hacia lo bueno, bello y cierto, o simplemente al silencio.


La llave para no juzgar, es la determinación.


Determinemos parar y dejar de repetir esa película, dejar en blanco la mente o al menos a no seguir insistiendo en posar nuestra atención en esos eventos, – pensamientos y sentimientos que nos lastiman- y que codician tener la razón a toda costa

Y si el ego insiste en sostenerlos, -que lo hará pues es su trabajo-, no se culpen pues eso es normal a todos nos pasa a diario, pues bacterias emocionales como el orgullo elevan la culpa.

Por lo tanto,  repitamos la anterior afirmación  hasta hacerlo un sana costumbre y hábito, y concentremos la atención en las áreas del cuerpo que se tensaron, comenzando por escanear desde la cabeza hacia los pies, pero sin nombrarlas ni ordenarles nada.

Al ir haciendo esto de manera consciente iremos sintiendo como se van relajando, desinflando y descolgando esas áreas en tensión. Además de que nuestra atención cambiará le lugar.

Al mismo tiempo procuremos entrar en la emoción del Amor, ese estado de amor o adoración puro que brota de nuestros corazones y que en él habita.

O sólo digamos con certeza y confianza, “no es necesario querer tener la razón en esto…” y hagamos el resto del proceso anterior. Así de sencillo. No se requiere de nada más, solo de persistir tanto como lo haga nuestro ego.

Sin embargo, debemos pensarlo de manera simple, es decir, sin darnos explicaciones del porque no hacerlo, ni argumentando o razonando nada para convencernos, pues eso es mente, es el ego en acción.

Eso es ruido en la mente,  diálogo,  que no queremos tener pues atrapará nuestra atención para llevarnos a juzgar, y usará de mucha, variadas y sutiles maneras, que solo podemos esquivar con la simpleza de no dialogar ni querer tener la razón.

 No lo pensemos ni con fuerza o coraje, pues la mente no tiene músculos.

Continuemos el camino sin analizar nada de eso y pongamos la atención en otra cosa, en otro pensamiento productivo o solo en el silencio, en nuestra respiración consciente, y sigamos nuestras vidas.


Entrenar como atletas del buen vivir


Con esta nueva práctica nos iremos re-entrenando, adiestrando, (haciéndonos diestros) y acostumbrando a tener una alerta para no engancharnos tan fácilmente en juzgar.

Se vale equivocarse, y hasta es necesario, ¡pero no desistir!

Recordemos que:

Es perdedor aquel que no hizo y hace nada por ganar.

Si queremos vivir mejor, esto es un constante compromiso y actitud hasta someter a esa mala costumbre y crear una nueva en este nuevo camino de no juzgar.

Es obtener el primer lugar en retomar, y no el segundo lugar de los que solo lo “intentan” y se rinden después de una cuanta veces.

Pues tiene el primer lugar aquél que no hace algo, ni siquiera un esfuerzo, y sigue en la comodidad de su mediocridad, conformismo y antipatía por mejorar su vida y su entorno.

Te aseguro que tú no intentas ponerte la ropa, comer, calzarte o trabajar, ¿verdad?

Realizas los actos necesarios para conseguir tu propósito.

Es esforzarse por tener una mejor calidad de vida mental, emocional y física. Para tener y ¡no intentar tener! un mejor mundo.

Es lo que se debe hacer para salir del rebaño de aquellos que sin hacer algo, ni siquiera por sí mismos, se la viven quejado y lloriquean por estar en el mundo emocional que ellos mismos se edifican momento a momento con sus juicios incesantes, liberados sin límite alguno.

Sin embargo, cuando realizamos los esfuerzos comprometidos, ¡nunca debemos castigarnos, regañarnos o etiquetarnos mal! Es inútil. Pues la culpa la usan aquellos que quieren manipularnos.

Mediante el esfuerzo cotidiano, poco a poco, llegaremos a fortalecer una buena costumbre y hábito en el bien, como atletas del buen vivir.

Con cada esfuerzo ante cada situación seremos cada vez mejores, pues con cada acto que hagamos estaremos aprovechando la oportunidad que la vida nos da para practicarlo.

Con paciencia y constancia llegaremos a ser esa última gota de agua que rompa la roca.

Si se trata de circunstancias externas que nos disgustan o desatan nuestro juicio a causa de recuerdos traumáticos o creencias, solo debemos  insistir en el mismo tratamiento, una y otra vez hasta quitar la atención en ello y colocarla de manera deliberada y consciente en algo mejor y superior, como en el estado de amor.

Ya no dejemos al vicio de juzgar que circule sin límite alguno en el escenario de nuestras mentes, como lo venía haciendo.

¡Ahora, nosotros sabemos que hay otras mejores opciones en que posar nuestra atención y vida; sabemos qué es, cómo y con qué gobernar nuestra mente-atención!

Sabemos que podemos decidir en qué pensar, qué sentir y en qué no, pues es nuestro derecho, para eso tenemos el albedrío, es una de nuestras facultades.

Trabajemos en no juzgar y en evitar ceder ante aquello que lleve a nuestra mente y emociones a lo indeseable.


No dialogar o debatir con nuestro ego


Es muy importante tener consciencia de no hacer esto, pues es la clave para lograr vencer al vicio o costumbre de juzgar.

Al principio podemos pensar que solo a eso nos dedicaremos, pero será el ego tratando de debatir para volver a someternos a sus estudiados y efectivos razonamientos para evitar a toda costa que sigamos en este bello camino del buen vivir.

Este debate o dialogo con el ego es la arraigada costumbre que tenemos para justificar tener la razón y así sea más fácil juzgar.

Pero en realidad es el terreno del ego, es su campo de batalla y dónde siempre gana.

Pero al cabo de muy pocos días, y lo sentirán, crecerá en nosotros una fuerza, una fortaleza e iremos sintiendo que ya no recurrían a nosotros aquellos rancios pensamientos y sentimientos que nos inquietan tanto.

No quiero decir con esto que llegará el día en que no los tengamos nunca más, solo quiero asegurar que cuando lleguen estaremos preparados, con paz y armonía, y con un saber y experiencia para enfrentarlos de diferente manera a como lo veníamos haciendo.

También les comparto que no todas las veces saldremos triunfantes a la primera vez, pero siempre habremos debilitado a esa mala costumbre con cada esfuerzo.

Y llegará el momento en que un esfuerzo simple, será como la última gota que rompa la roca, pues siempre que trabajamos contra un vicio o costumbre negativas, lo iremos debilitando, se irá herido de muerte. 

Por otro lado, al no saber cuándo sucederá eso debemos insistir una y mil veces de ser necesario, pues es para nuestro bienestar. Todo depende de la importancia que le demos a nuestro bienestar.

Y se hizo la magia


De pronto, veremos que ya ha cambiado nuestra tendencia a juzgar, irá menguando nuestro interés, nos haremos más tolerantes, compasivos, tanto con nosotros como con los otros.

Cada vez será más fácil sobreponernos pues la experiencia nos dará certeza y un saber qué hacer y qué herramientas usar, lo cual será mucho más efectivo si lo hacemos desde nuestro corazón, nuestra emoción.

Ya no nos sentiremos desprotegidos de nosotros mismos, indefensos, como antes lo sentíamos.

Recuerda, es más fácil hacer que saber qué hacer, pero cuando sabes que hacer comprendes el poder de una verdadera fe que es: un conocimiento, un saber, con certeza y con emoción.

 Persistamos en el bien, retomemos el control de nuestra mente-atención y emociones cuantas veces sea necesario, hasta vernos y sentirnos con el control de nuestras mentes libres y gobernadas por nosotros mismos.

Pero no debemos engañarnos de que hemos ganado la guerra, sino que solo iremos ganando batallas, una por una, y aunque perdamos algunas, es razonable y humano. 

No bajar la guardia por arrogancia, pereza o abandono


No nos permitamos más desistir por arrogancia, pereza o por abandono, pues es abrir la puerta y permitir a nuestro ego, a las fuerzas negativas, entrar para que nos sigan gobernando como antes, como un niño da la mano a un adulto para ser guiado. 

Es verdad, hemos aprendido desde niños la cómoda práctica de juzgar. Es fácil, cualquiera lo puede hacer, no requiere de mayor esfuerzo, pero a partir de haber tenido conocimiento de estas herramientas, ya no podremos justificarlo o decir:

¡Es que no sé qué hacer!  

Así como tú, yo también busqué, encontré, experimenté y recopilé estas milenarias herramientas, y decidí quitarme esos hábitos o vicios mentales y emocionales destructivos, esos a los que estuve acostumbrado y sometido, y casi resignado.

Tomé la responsabilidad de mí mismo y los cambié con las herramientas. Es de lo que más orgulloso siento en mi vida.

Hago uso de mi albedrío como hombre responsable e inteligente que digo ser.

Pero me lo demuestro con hechos. Ya que el resultado del uso de mi albedrío son las consecuencias, las cuales son mías y de nadie más, sean positivas o no, eso… es otra historia.

Hay ocasiones en que he tenido que revolcarme en la cama sufriendo por los juicios que hago a causa de experiencias dolorosas, pasadas o presetes.

A veces son pegajosos como el alquitrán, pero de la misma manera insisto una y otra vez en quitarles mi atención y aplicando también el proceso de Regeneración Emocional.

Desde luego, pido ayuda a lo Alto, a mi Dios, al Dios de mi Corazón, (o como ustedes le gusten llamar a su Dios).

He insistido y confiado en el uso de mis facultades y atributos, en esa sabiduría de no juzgar, de acallar la mente, de ir hacia el estado de amor.

Y por experiencia se que al actuar así, siempre sucederá lo mejor para todos, aunque a veces aparente ser lo contrario de lo que queremos, de lo que codiciamos, pues lo Alto siempre nos proporciona con Sabiduría lo que necesitamos, y no lo que codiciamos. 

Al observar los resultados tan positivos que produce esa poderosa herramienta de no juzgar, experimento de manera más consciente como voy evolucionando momento a momento. Pues se siente. 

Coincido mucho en la filosofía de René Mey, en cuanto a no juzgar ni criticar, pues con éxito la he aplicado he vivido alguna experiencia desagradable, y dice así:

“Sí una persona habla mal de ti, no importa es su problema no es de ti, es suyo;

Sí una persona no te ama por alguna razón, es suyo;

Sí no entiende lo que tú dices no importa, es su derecho; y si no lo acepta igualmente. 

Vive libre. Si tratas de cargar los problemas de todos, no sirve “ .

René Mey

En una ocasión le platiqué a René que había recibido un mensaje escrito lleno de ofensas y calumnias, y le pregunté qué haría él en estos casos. Entonces me contestó:

Sí hablaron mal de ti por escrito, entonces te toca aclarar el porqué lo hicieron, ve y pregunta, sí es que vale la pena; pues una cosa es de palabra y otra es por escrito. Pero cuando es de palabra, no importa.

Y con todo esto comprendí finalmente que: En ambos casos… sigue siendo de ellos, no mío.

Ha sido para mi muy liberador aplicar esta antigua sabiduría de no juzgar, pues es de lo mejor que se puede hacer frente a esas desagradables experiencias y triunfar… en nosotros.

¿Cómo evitar que jueguen con nuestra mente y emociones?


Dentro de nuestra mente, donde nadie puede entrar sin nuestro permiso o nuestro acuerdo, nos permitimos todo tipo de cosas, desde pensar lo que otros quieren, sea por miedo, codicia, etc..

Y cuando escuchamos una crítica, nuestra mente comienza a juzgar, se despiertan experiencias relacionadas, vividas, y con ellas comenzamos nuestro propio proceso de juicios, y que justifican cómo debemos actuar, pensar y sentir.

Eso normal, porque así aprendimos y por tal razón nos puede parecer correcto proceder así, como sea que lo hacemos.

Sin embargo, podemos evitar reaccionar y proceder de manera consciente a manejar nuestra mente, a decidir qué pensar y sentir, y no someter nuestra atención y ánimo a la voluntad de nuestro interlocutor con su crítica, es decir, dejamos de ser sus marionetas. 

Somos capaces de recibir en nuestra mente, de manera inconsciente, millones de pensamientos e información por minuto, pero solo somos capaces de percibir, de manera consciente, una mínima parte de ella. 

Pero eso no quiere decir que los procesamos de manera adecuada y consciente, pues nuestra mente solo es el escenario en donde todas ellas pasan danzando, y se quedan solo aquellas en las que posamos nuestra atención. 

Somos adictos declarados al vicio de juzgar y de sus embriagantes y adictivos efectos.

 Por otro lado, es como colocarse un carbón ardiente en el pecho para sentir ese dolor, pero tan pronto el dolor mengua, volvemos a repasarlo, retomando el juicio y las razones que lo sustentan, pues es un vicio.

Sin embargo, si nos comprometemos en el uso de las herramientas, nos ayudarán a salir del vicio y al mismo tiempo a crear una nueva forma de gobernar nuestra mente, emociones… y vida.

Esto es, que al aprender a hacer lo adecuado y cuando lleguen del exterior los embates que estimulan nuestro sistema de juicio, ya sabremos qué hacer, qué colocar en su lugar, y decidiremos no juzgar ni criticar.

Mediante esta determinación, se crean alertas y se comienza a practicar la sana costumbre de no juzgar, y con esa determinación generamos armonía en nuestro interior y entorno.

Yo uso como apoyo la siguiente afirmación:

Nos es necesario tener estos pensamientos y sentimientos. E invoco la emoción del amor. (El Estado de Amor)

Y eso es todo. No necesitamos más.

Ahora reconozco que cuando me he unido al proceso de juicio o a la crítica en alguna plática, ha sido porqué tenía ese vicio que creía era normal, natural, y porqué creía que siendo así sería más aceptado o aprobado por los otros, pero por desgracia no me hacía diferente a ellos, ya que entre sí, se despreciaban por la misma razones.

 Es increíble lo que podemos hacer por tener un poco de aprobación y aceptación, y también a causa de la ignorancia (de no saber cómo evitarlo). Hasta de permitir ser gobernados en nuestra propia mente y emociones.

¿Qué tipo de males nos trae el juzgar?


Gracias al uso comprometido de las herramientas puedo decir que ahora soy mucho más consciente de que no me gusta juzgar porque me duele, me arde el ánimo y porque pierdo mi libertad de pensar en cosas más útiles, bellas y agradables, o simplemente en nada.

He comprendido con la práctica, que cuando le ponía atención a los pensamientos, sentimientos y circunstancias negativas de la vida, solo me traían coraje y desasosiego, pues juzgaba.

Y que lejos de darme buenos resultados, me hacían sufrir y hasta perder mi salud, pues me traían varios tipos de enfermedades como laringitis, infecciones en garganta, estrés, ansiedad, depresión, gastritis, colitis, dolores en rodillas, cuello, espalda, nervio ciático, etc.

Solo por mencionar algunas de las afecciones e incomodidades que eso me causaba y que volverían sin dudar si insisto en continuar con la práctica de juzgar.

Ha sido dicho por los que saben, que aproximadamente el 96 por ciento de las enfermedades del mundo son emocionales; que casi el 3 por ciento) son a causa de los contaminantes, lo que bebemos, comemos, drogas, alcohol, etc.; y que alrededor del 1 por ciento, corresponden a enfermedades congénitas. 

Es necio y absurdo seguir en la creencia de que al juzgar o criticar, no sufriremos o tendremos ninguna consecuencia física, mental o emocional, y que no afectaremos nuestro entorno, hijos, familia, ambiente de trabajo, etc.

Pues está plenamente probado que al lanzar esas frecuencias negativas al ambiente, con juicios, críticas, pensamientos y emociones discordantes, sí contaminamos a otros. Recordemos que la energía no se destruye.

Hagan esta prueba. Cuando estén juzgando y/o cuando estén criticando solo pongan su atención en su plexo solar, espaldas, los músculos de la cara, mandíbula inferior y así hasta su cintura, bajen, y noten si están tensas sus extremidades.

Luego, de manera consciente, decidan dejar de juzgar o criticar, paren la película, luego pasen su atención por esos mismos lugares y sentirán como se comienzan a relajar y se descuelgan. Hasta truenan.

¿Siguen creyendo que no traen consecuencias físicas y emocionales el juzgar y criticar? 

Ahora, podemos reconocer y aceptar lo malo y enfermizo que es el vicio de juzgar y criticar, pues a nadie beneficia, solo a nuestro ego que se regocija al codiciar tener la razón para justificar el juzgar y criticar todo lo que vemos o llegue a nuestra atención. 

Si estamos de acuerdo en que no nos ayuda ni nos beneficia, entonces, ¿dónde está la razón o utilidad para continuar haciéndolo? Podemos razonar un poco en esto.

Juzgar, es producto del hombre, de nadie más. Pero por medio de nuestro albedrío podemos dejar de hacerlo, de no seguir malgastando momentos de valiosa energía vital y aprovecharla para generar la armonía en nuestro mundo y entorno. 

Juzgar y razonar, ¿es lo mismo?


Cuando dejamos de juzgar, de pensar y sentir así, no debemos creer ni mucho menos temer que quedaremos desprotegidos, que somos débiles o inseguros, ¡Jamás, de ninguna manera sucede eso! Es todo lo contrario.

Pues al crear armonía, se genera una energía natural y protectora, (electromagnética), y dejaremos de atraer las mismas cosas en que pensábamos, y nuestra vida y entorno comienzan a mejorar sin pausa.

No juzgar, no quiere decir que no debamos analizar o razonar las situaciones cotidianas que nos sucedan, o valorar alguna situación que sea de riesgo o peligro, de negocios o en nuestras relaciones personales; inclusive lo que nuestro trabajo exige.

Nada de eso, pues estamos en un mundo lleno de humanos, de sus errores y de sus tendencias discordantes.

Solo se trata de tener la consciencia e intención de no juzgar. La intención es la clave.

Y aquí se destaca con claridad la diferencia entre Juzgar, criticar y razonar.

Si además usamos las herramientas desde el corazón, los resultados son totalmente mayores y mejores, tanto físicos como emocionales.  

Sí. A mí también me parecía imposible poder tener buenos resultados si no criticaba o jugaba todo desde mi ego, creencias y limitada inteligencia, pues estaba acostumbrado y sometido a hacerlo desde décadas.

Hasta temía que si no las atendía a detalle, o que si los omitía o ignoraba, me atacarían a traición. Era solo porque no conocía al ego y a estas herramientas.

Imaginen mi pelea interna, pues recordarán que soy abogado y todo debía ser pensado e intelectualizado.

También podrán imaginarse el estrés y la ansiedad que sufría, pues nada hacía desde el corazón, solo era mente.

Sin embargo, al actuar así, sin juzgar, recobramos nuestro equilibrio pues generamos armonía y paz en nosotros y también estimulamos a las células emocionales que tenemos en nuestro cerebro en espera de ser usadas.

Sí, dije células emocionales en el cerebro. Todo ser humano las tiene.

Observé que mientras entregaba mi vida al ego, vivía y actuaba con coraje y otras emociones negativas, y queriendo tener siempre la razón completa.

Pero las respuestas que elegía desde ahí, desde la mente, siempre llegan acompañadas de malos sentimientos, incompletas, viciadas de errores y fragmentadas; además me hacían ocupar mucho más tiempo del necesario.  

Juzgar, es de humanos, pero solo si queremos seguir entregando al ego nuestra libertad para que elija qué pensar y sentir.

Todos tienen la capacidad de gobernarse, solo es necesario saber qué y cómo hacerlo. En mi libro encontrarán las herramientas y ejemplos simples y naturales al hombre.

Hasta aquí el tema de NO JUZGAR, sin embargo, en mi libro se ecuentra mucho más desarrollado esta importante manera de mejorar nuestras vidas.



¡Hasta la próxima!



Si te inspira un comentario este trabajo o quieres sugerir algún tema, me dará gusto leerlo. Por favor hazlo aquí abajo.


“La belleza está en tu corazón, no en tu mente. Búscala también en el otro.” 



(*) En mi libro intitulado – El libro bajo el brazo – , explico el proceso ampliamente.

Esta información es posible que no se aplique a todos, pues es una visión general, aunque auténtica. Se le sugiere que hable con su médico de familia y constatar si se aplica a usted y para obtener más información de este tema.

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Francisco Lozano

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Soy Francisco Lozano, escritor y autor de El libro bajo el brazo. Aquí conocerás cómo de sustituir, de manera natural, esos sentimientos negativos que contienen las tus experiencias dolorosas, por sentimientos positivos. Por lo tanto, recuperarás el equilibrio que está armonizado entre el pensar, sentir y actuar bien.

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